
Como ya comentamos sucintamente en un artículo anterior las alternativas disponibles de política fiscal contracíclica son aumentar el gasto público, reducir los impuestos o una combinación de ambas, en este post voy a intentar glosar las posiciones de algunos de los economistas y organizaciones más relevantes en la actualidad.
Antes de ello me gustaría clarificar un aspecto que suele ser un argumento habitual estos días en las tertulias de economía, normalmente esgrimido por aquellos que se oponen a que el estado incremente el gasto público para estimular la economía, se afirma que el incremento del gasto público, con el aumento de la deuda pública necesario para financiarlo, supone en realidad un incremento de los impuesto en el futuro, necesarios para pagar en última instancia a los acreedores, titulares de la deuda pública.
En realidad el argumento anterior sólo se aplicaría en el caso de encontrarnos ante un aumento permanente del gasto público, condición que sólo se satisfaría en el caso de que las economías no retornaran a la generación de superávit en la siguiente fase expansiva, es decir, el argumento sólo se aplicaría ante un incremento en el gasto estructural y no del cíclico.
En relación a las dos alternativas disponibles como ya comentábamos los elementos ideológicos desempeñan un papel importante, los liberales o neoclásicos ponen el énfasis en la bajada de impuestos, mientras que los neokeynesianos en el incremento del gasto público.
Dado que el objetivo es estimular la economía, se podría apelar a trabajos académicos para determinar cual de las dos alternativas impacta en mayor medida en la producción agregada. Una recensión de los mismos se encuentra en la comunicación efectuada por el FMI la semana pasada, en la que formalizaba su posición en relación a las medidas de política fiscal que considera adecuadas para estimular la economía.
Los análisis se dividen en tres grupos en función de la metodología utilizada:
-Los estudios de corte microeconómico, en los que sólo se capta el efecto de primera ronda.
-Aquellos que utilizan los VAR.
-Los que se basan en modelos estructurales.
La conclusión es que los resultados no son robustos, existiendo un rango de variabilidad muy significativa entre los mismos.
De los modelos microeconómicos se derivan unos impactos en torno a dos tercios para una bajada de una unidad en los impuestos, lo que es congruente con la propensión marginal a consumir estimada en otros estudios.
En el caso de los modelos estructurales los resultados dependen de los supuestos de partida, como por ejemplo si la política reacciona de forma acomodaticia o no. Con valores nada concluyentes.
Respecto de los artículos que utilizan el VAR, en las surveys consultadas se analizan tres, Blanchard y Perotti (2002), Romer y Romer (2008) y Ramey (2008). Con el primero de ellos tampoco es posible discernir que opción de política fiscal, impacta en mayor medida en la producción, ya que en función de los suspuestos respecto de la tendencia en los datos es superior una u otra alternativa.
En el artículo de Romer y Romer (2008), el multiplicador de los impuestos al cabo de unos años es de 3, mientras que del de Ramey (2008) se deriva un multiplicador del gasto público de 1,5.
Lamentablemente la posición del FMI con Olivier Blanchard a la cabeza no esta fundamentada en estudios científicos, por la poca robustez de los mismos, sino en argumentos más heurísticos y menos asentados en lo que actualmente se entiende ciencia económica. Sus recomendaciones son:
-Basar el estimulo en el incremento del Gasto Público, ya que el impacto de una reducción de los impuestos es muy incierto, en el contexto actual de crisis, por lo que una reducción de impuestos podría impactar muy levemente en la demanda agregada, si los beneficiarios deciden ahorrarlo motivado por la incertidumbre en relación a los ingresos futuros.
Antes de ello me gustaría clarificar un aspecto que suele ser un argumento habitual estos días en las tertulias de economía, normalmente esgrimido por aquellos que se oponen a que el estado incremente el gasto público para estimular la economía, se afirma que el incremento del gasto público, con el aumento de la deuda pública necesario para financiarlo, supone en realidad un incremento de los impuesto en el futuro, necesarios para pagar en última instancia a los acreedores, titulares de la deuda pública.
En realidad el argumento anterior sólo se aplicaría en el caso de encontrarnos ante un aumento permanente del gasto público, condición que sólo se satisfaría en el caso de que las economías no retornaran a la generación de superávit en la siguiente fase expansiva, es decir, el argumento sólo se aplicaría ante un incremento en el gasto estructural y no del cíclico.
En relación a las dos alternativas disponibles como ya comentábamos los elementos ideológicos desempeñan un papel importante, los liberales o neoclásicos ponen el énfasis en la bajada de impuestos, mientras que los neokeynesianos en el incremento del gasto público.
Dado que el objetivo es estimular la economía, se podría apelar a trabajos académicos para determinar cual de las dos alternativas impacta en mayor medida en la producción agregada. Una recensión de los mismos se encuentra en la comunicación efectuada por el FMI la semana pasada, en la que formalizaba su posición en relación a las medidas de política fiscal que considera adecuadas para estimular la economía.
Los análisis se dividen en tres grupos en función de la metodología utilizada:
-Los estudios de corte microeconómico, en los que sólo se capta el efecto de primera ronda.
-Aquellos que utilizan los VAR.
-Los que se basan en modelos estructurales.
La conclusión es que los resultados no son robustos, existiendo un rango de variabilidad muy significativa entre los mismos.
De los modelos microeconómicos se derivan unos impactos en torno a dos tercios para una bajada de una unidad en los impuestos, lo que es congruente con la propensión marginal a consumir estimada en otros estudios.
En el caso de los modelos estructurales los resultados dependen de los supuestos de partida, como por ejemplo si la política reacciona de forma acomodaticia o no. Con valores nada concluyentes.
Respecto de los artículos que utilizan el VAR, en las surveys consultadas se analizan tres, Blanchard y Perotti (2002), Romer y Romer (2008) y Ramey (2008). Con el primero de ellos tampoco es posible discernir que opción de política fiscal, impacta en mayor medida en la producción, ya que en función de los suspuestos respecto de la tendencia en los datos es superior una u otra alternativa.
En el artículo de Romer y Romer (2008), el multiplicador de los impuestos al cabo de unos años es de 3, mientras que del de Ramey (2008) se deriva un multiplicador del gasto público de 1,5.
Lamentablemente la posición del FMI con Olivier Blanchard a la cabeza no esta fundamentada en estudios científicos, por la poca robustez de los mismos, sino en argumentos más heurísticos y menos asentados en lo que actualmente se entiende ciencia económica. Sus recomendaciones son:
-Basar el estimulo en el incremento del Gasto Público, ya que el impacto de una reducción de los impuestos es muy incierto, en el contexto actual de crisis, por lo que una reducción de impuestos podría impactar muy levemente en la demanda agregada, si los beneficiarios deciden ahorrarlo motivado por la incertidumbre en relación a los ingresos futuros.
-En relación a los consumidores, reducir selectivamente los impuestos a aquellos colectivos que se encuentren sujetos a restricciones crediticias, ya que de esta forma el multiplicador asociado será mayor.
-En referencia a las empresas, minimizar el problema de acceso al crédito mediante la garantía por parte del Estado de las emisiones de deuda y prestamos solicitados, obviamente garantizándose unos requisitos mínimos de solvencia.
La posición de Paul Krugman es coincidente con la del FMI, el argumento para apoyarla discurre asimismo por la misma senda, es decir, la elevada probabilidad de que una reducción de impuestos, por motivos precaución no fluyan hacia el gasto, y no impacten sobre la demanda agregada, a lo que añade el incremento en el gasto público “deja” algo de valor cuando la política expansiva ha finalizado.
Como adalid de la otra alternativa, esto es, priorizar la reducción del gasto público, nos encontramos como cabeza más visible a Greg Mankiw. Para apoyar su posición se basa en dos de los artículos comentados anteriormente que utilizan la metodología VAR, de Romer y Romer (2008) y Ramey (2008), del que de deriva un multiplicador de los impuestos de tres, frente a uno de sólo 1,5 para el gasto público. El problema es que como hemos visto en la sucinta recensión del FMI, esto es sólo una parte de la historia, obteniéndose resultados anfibiológicos para en el resto de los artículos. Por lo que la fundamentación de Mankiw se basa en una verdad a medias, que como se suele decir es la peor de las mentiras.
Quizas Nicholas Taleb tenga algo de razón y nos encontremos ante un cisne negro al que realmente no sabemos como enfrentarnos, y que incluso cuando se alcanza un consenso de algún tipo lo es por la necesidad de llegar al mismo, por un autoconvencimiento, que por que realmente hayamos dado con la “solución correcta”.
-En referencia a las empresas, minimizar el problema de acceso al crédito mediante la garantía por parte del Estado de las emisiones de deuda y prestamos solicitados, obviamente garantizándose unos requisitos mínimos de solvencia.
La posición de Paul Krugman es coincidente con la del FMI, el argumento para apoyarla discurre asimismo por la misma senda, es decir, la elevada probabilidad de que una reducción de impuestos, por motivos precaución no fluyan hacia el gasto, y no impacten sobre la demanda agregada, a lo que añade el incremento en el gasto público “deja” algo de valor cuando la política expansiva ha finalizado.
Como adalid de la otra alternativa, esto es, priorizar la reducción del gasto público, nos encontramos como cabeza más visible a Greg Mankiw. Para apoyar su posición se basa en dos de los artículos comentados anteriormente que utilizan la metodología VAR, de Romer y Romer (2008) y Ramey (2008), del que de deriva un multiplicador de los impuestos de tres, frente a uno de sólo 1,5 para el gasto público. El problema es que como hemos visto en la sucinta recensión del FMI, esto es sólo una parte de la historia, obteniéndose resultados anfibiológicos para en el resto de los artículos. Por lo que la fundamentación de Mankiw se basa en una verdad a medias, que como se suele decir es la peor de las mentiras.
Quizas Nicholas Taleb tenga algo de razón y nos encontremos ante un cisne negro al que realmente no sabemos como enfrentarnos, y que incluso cuando se alcanza un consenso de algún tipo lo es por la necesidad de llegar al mismo, por un autoconvencimiento, que por que realmente hayamos dado con la “solución correcta”.







